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"Las mujeres en nuestra cultura tienen un perverso linaje de precariedad"

Talentum|02/01/2018 14:04

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Remedios ZafraRemedios Zafra (Zuheros, Córdoba, 1973) escribe de tal modo que es imposible evitar el roce. Nos cuestiona, nos interpela, nos propone. Inútil pretender salir ileso de sus narraciones. La maravilla. Su último trabajo, ?El entusiasmo?, discurre por la precarización del trabajo creativo en nuestros días, la mujer como objeto de pillaje capitalista, también en el territorio artístico, y el entusiasmo como bujía de satisfacción fingida. Todo ello para devenir en la frustración, que queda explicada por la estafa de la que hemos sido objeto: nos hicieron creer que éramos libres. Alumbrado con el Premio Anagrama de Ensayo, ?El entusiasmo? es un texto perfecto para embridar el año.


Frente al entusiasmo clásico, ese ?éntheos? con el que los griegos llamaron a esa conciencia, a ese sentimiento de sentirse plenos de existencia, en tu ensayo denuncias la perversión del término. ¿Cómo diferencia uno de otro?

Diría que, a diferencia de la exaltación que conlleva ese entusiasmo vinculado a la inspiración y a esa ?plenitud de existencia?, el ?entusiasmo fingido? es aquel alimentado por un sistema competitivo y que se imposta para lograr ?ser visto? y ?elegido? en una lista de candidatos a trabajos precarios. Justamente aquellos que surgen cuando los trabajos estables y remunerados se desglosan y ofrecen hoy como ?premios? en sí mismos (esa beca no remunerada, ese trabajo pagado con experiencia certificada o con ?visibilidad??) ?El hombre fotocopiado? del que hablo en el libro sería un ejemplo de este entusiasmo inducido, frente al entusiasmo de quienes crean de manera sincera, o lo hicieron antes de sentir estar perdiendo esa pasión. Una clave de la diferenciación puede verse en la pregunta: ?¿Cómo elegir al triste cuando está el entusiasta??. Allí donde los trabajos creativos suelen venir precedidos por altas dosis de motivación y en muchos casos por vocación, se sigue legitimando que el entusiasmo puede ser un valor añadido, no ya para trabajar mejor sino para demostrar que incluso se puede trabajar gratis o por poco, porque dicen a menudo los entusiastas: ?para mí este trabajo es ya un pago?. Se normaliza la idea de que forman parte de un ?camino? laboral que cada vez se prolonga más en el tiempo (y que no afecta sólo a jóvenes), derivando en una apropiación interesada, en primer lugar por parte del sistema capitalista que naturaliza la precariedad y logra mayor beneficio y producción con mínimo esfuerzo. En segundo lugar, como recurso impostado de los propios damnificados, que se valen de la máscara entusiasta para lograr trabajar en un contexto de mayor rivalidad.

Leyendo el texto uno se da cuenta de que las ramificaciones del poder nos están inoculadas en territorios inimaginables (la mente, por simplificar). Una vez introducidos esos tentáculos, ¿hay enmienda posible?


Entre las múltiples formas de poder, las que más me interesa sugerir son aquellas que se asientan y construyen nuestra vida cotidiana, las que atraviesan nuestras decisiones y expectativas, sin ser apenas perceptibles. La enmienda es, me parece a mí, la conciencia. O al menos empieza por ella. Creo que lo que nos induce a tolerar estas formas de poder de las que se habla en ?El entusiasmo? no es
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